sábado, 2 de julio de 2011

Fin de Curso 2010/2011 Vara del Rey

LEMA: Tenemos qué vivir cada nuevo día como si fuera el último.... pues la vida puede cambiar en un instante...
La excursión de fin de curso 2010/2011 la comenzamos el día 2 de Julio del 2011.
En un acto de valentía, empezamos tocándole los huevos a un toro... si, si, a un toro.
Nos ponemos en marcha por la carretera de Andalucía, hasta Ocaña, donde nos desviamos hacía tierras manchegas por la AP-36 hasta Mota del Cuervo, precio 8´75€, lo más llamativo es que el peaje es gestionado por una maquina, muy amable por cierto, un poco fea.
En Mota del Cuervo nos dirigimos a visitar los molinos de viento.

Nuestros Don Quijote y Sancho Panza nos indican el camino.
En lo alto de un cerro 7 molinos de viento de los 24 que un día lo coronaron rompen el horizonte con sus cuerpos cilíndricos y totalmente encalados, entre todos existía una molineta, que viene a ser un molino de menor tamaño.
El uso de la electricidad desplazo a estos gigantes, que dejaron de mover sus aspas en el año 1929.

Entre los que quedan está el Zurdo, llamado así por que sus aspas giran al revés que los demás y el Gigante, que realiza una molienda el primer domingo de cada mes. Este último se puede visitar, de forma cilíndrica, con las únicas aberturas de la puerta (no muy grande) y unos pequeños ventanillos cuadrados salpicados de forma irregular por sus paredes, normalmente unos doce.
 Consta de tres plantas, en la primera se pueden adquirir recuerdos y souvenir, por una escalera de piedra llegamos al primer piso donde cae una vez molida la harina, sus paredes están decoradas con objetos típicos de la zona, una romana, un candil, unas albarcas, etc. Hasta unas cajas de cartón, que seguro que en mi tierra sirven para algo más que para guardar cosas.
 En la tercera y la más importante, la maquinaria del molino, es la cubierta del molino, de estructura cónica de donde sale un cuerpo prismático que sirve de soporte al eje de las aspas, en el lado opuesto
 de las aspas un largo palo sirve para girar la cubierta y marca la dirección del viento, en el interior una rueda dentada de madera maciza hace girar, por medio de unos engranajes todos de madera, unas ruedas
 de piedra, una circular sobre otra fija que son las que trituran el grano de trigo.
Las aspas de madera a las cuales por medio de unas gomas o cuerdas se forran de tela para que el viento les de esa fuerza motriz que hará moler el trigo.
Del reportaje no pudimos sacar muchas fotos por que apenas llevábamos cámaras.
Cogimos la carretera 420 que tras 17 km nos lleva a Belmonte, donde nos disponemos a visitar el castillo, nuestro gozo en un pozo, son las 13´15 y cierra a las 14, la visita dura al menos una hora. Lo dejamos para mañana.

Acordamos por unanimidad ir a tomar algo y de paso comer algo.
Nos fuimos al centro de Belmonte junto a la parada de autobuses, un restaurante que se llama La Cochera. Acertamos de pleno. Después de beber una birras bien fresquitas, y tomar unos aperitivos, nos pusimos a degustar esos manjares manchegos como por ejemplo zarajos, quesos, chuletillas de la tierra (que estaban de muerte), y como no el famoso morteruelo. Todo ello regado con un vino manchego, blanco, fresquito, buenísimo.
Después de los postres y los chupitos, llego la hora de irnos, no sin antes demostrar que somos un grupo de baile bien avenido y simpático, no podía faltar la música, que siempre llevamos consigo para estas emergencias, echamos unas piezas invitando a todo aquel que se precio a mover las caderas, en el buen sentido de las palabras. Una vez terminado y aplaudidos por el publico allí concentrado emprendemos nuestro viaje hacia el centro de descanso, bueno mejor lo llamaremos próxima parada.
A 60 Km de Belmonte nos encontramos con Vara del Rey y después de un carreterin de 4 Km, esta el hotel rural la Moragona, en el que nos vamos alojar.
El hotel es una maravilla, con 10 habitaciones y una suite, todas ellas espaciosas y equipadas, con un toque castellano antiguo, pero acogedoras.

 Un salón con chimenea para el invierno decorado con elementos de caza.
Con su piscina, en la cual pasamos buenos ratos, con nuestra querida amiga de excepción, Marlene, en la cual no falto de nada, birras con palomitas recién hechas, desfile de pareos, música, y fiesta (Light) de camisetas mojadas.

 Junto a la piscina un mini campo de golf y el mirador, desde donde se contemplan las llanuras que nos rodean.


La cena estuvo genial con platos típicos de la tierra, sopa de melón, pisto con huevos de codorniz, jamón, queso y un largo etc. regado con unos vinos tintos y blancos de la zona.
Para bajar la cena nada mejor que unos cubatas y como no… música y baile en el cual bailo hasta la Geno, nuestra camarera, con una pista de baile impresionante, cuyo techo, espectacular, era un cielo
 despejado lleno de estrellas, y que concha de vez en cuando apagaba absorbiendo su energía.
 Bailamos de todo, meneitos, ruedas, salsas, merengues, sevillanas, vamos,  todo lo bailable. Pero lo mas impactante de la noche fue el meneito de fama mundial, que estuvo dirigido por José Antonio,
 La Vaca Lechera.
Sobre las tres de la mañana unos se fueron a descansar, otros a dormir y otros a tocar la campana que es otro de los complementos indispensable en todas las excursiones organizadas.

Por la mañana volvió a repicar la campana, para algunos. A continuación el desayuno. Muy surtido y abundante.
Antes de partir vinieron las despedidas y agradecimientos por el trato recibido.
El trato… uy el trato, lo más. Un trato cordial, amable, alegre y simpático, típico y normal en las personas de esta tierra, fueron especialmente cariñosos con nosotros lo que hizo que nos sintiéramos como en casa. Agradecer desde aquí a Geno, Jesús y todos los que hicieron que este fin de semana fuera inolvidable para nosotros.

Llegamos al castillo de Belmonte sobre la 12.00 horas, esta vez si que entrábamos, nos faltaba uno para ser 15, así que convencimos a Marlene para que nos acompañara, y nos hicieron descuento de grupo.
El castillo lo visite hace 30 años, lo recordaba en estado ruinoso y descuidado, nada que ver después de la ultima reforma realizada.
Empezamos la visita conociendo un poco de historia de esta maravilla desconocida para muchos de nosotros.

El Castillo
El poderoso magnate Don Juan Pacheco, hombre de confianza del Rey Enrique IV de castilla y capitán  general de los ejércitos españoles en la reconquista de Granada, quiso fortalecer la población de Belmonte ciñéndola con dilatado y recio muro, y en construir para sí una morada en lo alto del cerro de San Cristóbal en la parte oriental de la villa. El Castillo, donde se volcará la fantasía y el poder del marqués en una construcción "tan bella, tan magnífica, tan robusta en su armazón y tan marcial en su apostura".

La planta de este castillo en forma de estrella es única, y su interior palaciego decorado con lujosas techumbres mudéjares en sus salones y galerías, así como su "bestiario medieval" esculpido en piedra, no tienen parangón en España y sin duda hacen de este castillo uno de los más emblemáticos de nuestro país.

Era un momento de convulsiones y luchas internas en el reino de Castilla. Belmonte, que indudablemente es la querida villa natal de Don Juan Pacheco manda que "sea cercada e rodeada en derredor con una cerca de cal e canto" hasta su suntuoso Castillo, mezcla de lujoso palacio y recia fortaleza, donde refugiarse y descansar de su ajetreada y frenética actividad. En 1456 se inicia la construcción del castillo y termina en 1472. Junto con toda su belleza, el Castillo estaba provisto de los medios necesarios de defensa para sostener un largo asedio.
El Castillo se compone de un cuerpo principal y de una barrera o muralla exterior que le ciñe por completo y de la que por ambos lados arrancan y descienden las murallas de la villa en su lienzo norte 300 metros y su lienzo sur 350 metros. Este cuerpo principal está trazado sobre un triángulo equilátero que es el patio de armas del castillo, a cuyos lados van adosados dos cuerpos rectangulares de tres pisos que componen la parte noble y residencial. El tercer lado es la torre del homenaje, que protege y guarda la parte más accesible donde se alojaba la tropa. El conjunto se forma por una planta estrellada en cuyas seis puntas se levantan otros tantos torreones cilíndricos, y así el castillo de Belmonte es una construcción rara y única en la arquitectura civil y militar. Por ello es necesario entrar dentro de él, visitarlo con detención y comprobar su importancia como uno de los grandes monumentos del arte gótico-mudéjar de España, y sin género de dudas, el mejor de todos ellos.
El Castillo fue objeto de una restauración importante por orden de la Emperatriz Eugenia de Montijo, condesa de Teba y esposa de Napoleón III en el año 1857. Donde se cierran las galerías que dan al patio utilizando el ladrillo como parte de la construcción. Más tarde fue ocupado el Castillo por una comunidad de frailes Dominicos a los que se los cedió la emperatriz, y en él permanecieron hasta el año 1885. La emperatriz Eugenia habitó temporadas en el Castillo, después de muerto su esposo Napoleón III, realizando algunas reformas en el interior del recinto.
En la Guerra Civil Española, y después de ella, sirvió de cárcel del Partido Judicial de Belmonte y por último se habilitó como academia de mandos del Frente de Juventudes. En los años 1991 y 1992 se han hecho obras importantes de restauración en el Castillo.
Reabrió sus puertas en Julio del 2010.

La Visita
La visita cultural dispone de audio-guía en 4 idiomas (español, inglés, francés e italiano).
Entramos por la Puerta llamada del Campo, que es la principal, en su origen tenia foso y puente levadizo, hoy desaparecido. Esta flanqueada por dos torres sobre la que se abren dos huecos para el alzado del puente levadizo que tenia. En su origen era de estilo gótico, bajo su antiguo arco de entrada se rebajó su arquitectura construyendo un nuevo arco escarzano sobre el que se incrustó el escudo de Juan Pacheco, primer marqués de Villena. Las torres laterales están dotadas de almenas y troneras en forma de cruz y orbe. Al franquear el umbral del Castillo por nos encontramos con un anchuroso espacio libre o patio entre el castillo y su muralla, que se llama albacara, servía de refugio a los habitantes de la Villa en caso de ataque de los enemigos, y allí con sus enseres y ganados se veían protegidos por el señor.
Esta puerta, está situada en el lado este y es la entrada actual del castillo. Le precedía un foso de que quedan vestigios a la derecha y tenía puente levadizo como testimonian los huecos que se hicieron en el lienzo para las cadenas. En su parte superior está provista de almenaje, además la protegen dos fuertes torres laterales dotadas de almenas y troneras en forma de cruz y orbe.

Dentro de la muralla principal tenemos otras dos puertas:
La Puerta de la Beltraneja está situada en el lado noroeste y da directamente al pueblo. Se llama así porque, según la tradición, este Castillo sirvió de refugio a la princesa doña Juana la Beltraneja. Dice la historia que cuando la causa de Juana la Beltraneja se daba por

perdida, y ante la actitud del Marqués de Villena de cambiar de bando, Juana vio peligrar su seguridad y se descolgó por una de las ventanas de la capilla saliendo huyendo por la puerta que hoy día recibe su nombre.
Es una puerta similar a la Puerta del Campo, con ranuras para un puente levadizo y protegida en ambos lados por fuertes torreones cilíndricos.

 La Puerta de los Peregrinos, que se abre junto al inicio de la muralla en dirección sur mirando al pueblo, es una puerta muy original. Sólo la protege un ancho torreón en medio del cual ésta se abre.
La segunda puerta de entrada al interior del castillo esta formada por una puerta gótica trilobulada situada frente a la torre del homenaje. En el tímpano aparece la figura gótica de un paje que sostiene un yelmo, apoyada en la clave del arco sobre un pequeño pedestal. A los lados del paje y muy desgastadas figuran los escudos de Juan Pacheco y Girón, primer marqués de Villena y a su segunda mujer, María Portocarrero Enríquez, con la que casó en 1442. En los escudos aparecen las palabras: Una sin par, lema que utilizaba el marqués.

 Una vez dentro del castillo llegamos al Patio de armas. Nada más entrar en el patio, lo primero que apreciamos es su forma pentagonal sobre la base de un triángulo equilátero donde se asoman dos galerías de arcos ojivales, y geminados los del segundo piso. Es un diseño original que sólo encuentra parecido en el castillo de Caerlaverock en la frontera de Inglaterra con Escocia.

 
En el patio destaca la belleza de su aljibe, de 40 metros de profundidad escavados en roca lo hicieron uno de los mas grandes de España, con dos columnas helicoidales que quedaron sin terminar.
Hay también una chimenea que podría servir para cocinar la tropa.

Una báscula que parece estar para pesar personas, hace la decía de los visitantes comprobando si uno pesa más que otro con dicha balanza.

La planta baja está totalmente reformada y cambiada su distribución primitiva.

El ala norte se destinó a cocinas y servidumbre. Hoy en día está dedicada a oficinas de turismo y almacén. De la cocina arrancaba una escalera de caracol que, tras pasar por la habitación de servidumbre de la primera planta, conducía al dormitorio de la marquesa. Sus sótanos tienen unas covachas que servían para almacenar víveres y mantenerlos frescos. Según opinión popular, en un extremo del sótano existen galerías secretas que conducen hasta diversos lugares del pueblo para poder huir en caso de necesidad.
El ala sur, sirvió para establos, en su lugar hay un salón acondicionado donde se proyecta un documental en gran formato como introducción al recorrido turístico, y tecnologías de luz y sonido que trasladan al visitante a otra época, dura aproximadamente 15 minutos.
Junto al establo, una exposición nos enseña las distintas restauraciones que ha sufrido el Castillo.

La torre del homenaje donde se concentraba la vida militar, es el otro cuerpo que cierra el patio de armas y en la que llama la atención su poca altura. Hay un "in pace" que ejercía funciones de calabozo. Al detenido se le bajaba por un agujero cuadrado existente en el techo junto al cuerpo de guardia. En una esquina, a la izquierda de la entrada, está el encaje para los condenados a morir por el suplicio de la gota de agua sobre la cabeza. Arriba se conserva el canal para el agua.
Es sabido que la torre del homenaje es la parte más sólida y protegida de un castillo y el último reducto de seguridad en caso de asedio. Por tal motivo, muchos visitantes del castillo de Belmonte se extrañan de que su torre del homenaje esté perforada en su misma base, ofreciendo, hacia el patio de armas, una débil puerta, contraria a las más elementales normas de
.

 estrategia defensiva. Tal acceso no corresponde al diseño primitivo de la torre y tiene un singular origen que pone de manifiesto la testarudez y el orgullo de los descendientes de D. Juan Pacheco. Dice la leyenda que D. Juan Pacheco caso a su hija bastarda Dña. Beatriz con D. Rodrigo Ponce de León, que, entre otros títulos, contaba con el de Conde de Medellín. De esta manera lograba el Marqués de Villena, poner a uno de sus descendientes al frente de uno de sus antiguos Señoríos. Tras años de matrimonio murió D. Rodrigo, lo que produjo una singular pugna sobre quien debía ostentar el condado de Medellín: Su hijo, D. Juan Ponce de León, o su viuda, Dña. Beatriz. La disputa alcanzó tal dimensión que llegó a plantearse ante la Corona. Estando ambos, madre e hijo, en el castillo de Belmonte, reclamando el apoyo familiar a sus respectivas causas, ocurrió que se recibió cédula real de la reciente coronada Isabel I de Castilla, y que ofrecía el dictamen favorable a los intereses de D. Juan. Al recibir la noticia, fue tal el arrebato colérico de Dña. Beatriz, que hizo encerrar a su hijo en las mazmorras del castillo. Éstas ocupaban la parte más profunda de la torre del homenaje y sólo se podía acceder a ellas por un agujero en el techo sobre el que, para total control, Dña. Beatriz hizo colocar un sitial. Tras la batalla de Toro, de 1476, los Pacheco son desposeídos de la mayor parte de sus posesiones y Dña. Beatriz es obligada a aceptar el dictamen que resolvía la pertenencia del Condado de Medellín a favor de su hijo. Y fue entonces cuando ocurrió lo más peculiar de esta historia: Cuando comunicaron a D. Juan Ponce de León lo acontecido y fueron a sacarlo de las mazmorras, éste se negó a salir por el agujero del techo por el que había entrado y exigió que derribasen el muro de la mazmorra para poder salir con la dignidad que reclamaba la razón de su causa.
Enterada del suceso la reina Isabel, ordenó que el acceso horadado en la torre del homenaje perdurase abierto para siempre, en recuerdo del triunfo de la justicia y como desdoro en el linaje de los orgullosos Pacheco. Y, por este motivo, el castillo de Belmonte luce desde entonces, una torre del homenaje con una frágil puerta en su base, recordándonos a todos que de nada sirve la robustez y soberbia de la fuerza si no está cimentada por la solidez de la verdad y la razón.

La escalera. La subida a los pisos superiores se realiza a través de una escalera señorial y sorprendente de madera con un fastuoso despliegue de ornamentación, construida en el siglo XIX, de acuerdo con las instrucciones dadas por la emperatriz, que deseaba dar a la entrada un carácter majestuoso acorde con su rango.

Primera planta. Llegamos a las salas interiores donde la escasa decoración se centra en las jambas de las puertas y ventanas, algunas de grandísima fastuosidad, y en los frontales de las chimeneas de campana.

 

Galería de la zona de servicio. Esta galería de 80 metros cuadrados comunica, a través de tres puertas, con las habitaciones de servicio de la primera planta y también con la galería del salón de gobierno que le sigue. Su alfarje está formado por rosas de cuatro pétalos con botón central.

Habitación de la zona de servicio.
Se trata de una habituación cuadrada, situada justamente debajo de la habitación del marqués, que comunica con el salón contiguo. Era una habitación de servicio para los más fieles siervos del marqués. Junto a la puerta existe una escalera de caracol que comunica con la habitación del marqués
Gabinete del torreón este. Se accede a él subiendo unas escaleras que parten de la habitación anterior. La función de este pequeño habitáculo es servir de comunicación con la parte superior del torreón y contribuir a su defensa. De una esquina parte un pasadizo que conduce a una letrina, con una pequeña ventana y que era lugar para desde el interior hacer sus necesidades los señores del castillo.
Salón central de la zona de servicio. Se accede a él a través de la galería y comunica con las habitaciones contiguas.
Se puede ver una chimenea con tres escudos: una cruz flordelisada, el escudo de Juan Pacheco y el de su mujer María Portocarrero Enríquez.
La sala, de posible uso común, tiene un artesonado que, debido a sus motivos decorativos, desde la entrada produce la sensación de ser ondulado, cuando en realidad es plano.

Otras habitaciones de la zona de servicio. A través de una puerta se accede a la habitación de servicio de la marquesa. Esta habitación comunica, a través de una escalera de caracol, con las cocinas y con el dormitorio de la marquesa situado justo encima.
Galería de la zona de gobierno. Está situada en la zona sur y da acceso a la capilla y al salón de gobierno. Destacan las portadas de sus puertas y las tres chimeneas góticas, que servían para calentar el salón de gobierno a través de la pared.


La capilla. La primera puerta de la galería da acceso a la capilla. Por una de las dos ventanas, en concreto por la orientada al norte, es fama que escapara Juana la Beltraneja. Estas ventanas están decoradas con profusión de elementos góticos, figuras humanas, mitológicas y animales entre ramajes tupidos entre los que se mezclan escudos reales y escudos de armas.
Esta sala también cumplía funciones de sala de recepción previa al paso al salón regio. Tiene más altura que las demás estancias.

Posee un riquísimo artesonado, el mejor del castillo, original de la época. Es de estructura octogonal, apoyada sobre trompas, una de las cuales ha sido restaurada, y sobre un friso adornado con animales y elementos vegetales.
 Posee numerosos mocárabes de influencia nazarí, únicos en la provincia de Cuenca. Además todas las ventanas tienen asientos de piedra desde el cual se puede descansar y contemplar las maravillosas vistas del exterior y por un momento trasladarse a la época e imaginarse lo que los personajes de la historia podrían sentir.




El salón de gobierno. De 147 m2. Con un artesonado de madera de nogal, en forma de artesa invertida y policromada en tonos rojos y dorados. Su principal función era servir para las recepciones oficiales, pero también se utilizaba para banquetes y como sala de fiestas. El sistema de calefacción utilizado resulta original y permite caldear el salón sin las molestias del humo, con las tres chimeneas que existen en la galería contigua antes citada.

Al fondo del salón y tras una pequeña puerta hay un habitáculo con una ventana y unos dibujos a carboncillo que hacen mención al libro de Don Quijote. El suelo del salón está todo adoquinado con escudos de armas.
 Tras la visita de este salón, regresamos a la escalera principal para ascender a la segunda planta.
Segunda Planta. Destinada a los dormitorios y salón de los marqueses. Queda dicho que uno de los mayores atractivos del castillo de Belmonte, son sus artesonados. Sin duda los mas variados y bellos de España en edificios civiles. Policromados todos ellos, juegan los colores rojos, amarillos y azules, alternando con los ocres y tonos naturales de la madera de pino, creando un efecto maravilloso y de ensueño al contacto con la luz exterior. Los motivos de los artesonados son sorprendentes, nacidos todos de la rica imaginación mudéjar.

Galería de la planta noble. Esta galería da acceso a los dormitorios del marqués y de la marquesa.

Dormitorio del marqués. Se trata de una habitación de planta cuadrado, con una de las techumbres más llamativas del castillo. Esta habitación no posee vanos al exterior como forma de protección para evitar ataques o traiciones. Tiene una escalera de caracol que conecta con la habitación inferior de servicio y llega hasta los pasadizos subterráneos para poder huir en caso de necesidad y también para encubrir discretamente encuentros amorosos.
La fantasía alcanza extremos inauditos donde, se dice, eran las habitaciones de los señores: la cúpula era giratoria, y enriquecida por la presencia de pequeños cristales de colores, producía un juego de reflejos al devolver los rayos de luz desde los fondos de los casetones, mientras sonaban tenues campanillas de plata. Hay picarón a ti también te gustaban las campanas.

Salón de la planta noble. Es una sala rectangular que comunica los dormitorios del marqués y de la marquesa. Está dotado con una chimenea gótica y también tiene techumbre.

Dormitorio de la marquesa. También tiene una escalera de caracol que sube desde la habitación de servicio inferior, así como chimenea propia.
Habitación ajunta. Probablemente fue destinada a un hijo pequeño de los señores, con una de las techumbres más pobres del castillo.
Galería sur. Esta galería se cerró en el siglo XIX, convirtiéndose así en un gran salón alargado.

 Torreones y camino de ronda. A través de una escalera podemos acceder a la parte superior del castillo y recorrer el camino de ronda junto a sus tejados. Desde lo más alto del castillo puede verse una panorámica de Belmonte con su espectacular colegiata de San Bartolomé. El dominio desde el adarve del interior y exterior del castillo es total.
Las pequeñas puertecillas dan acceso a las seis escaleras de caracol que desde el interior de sus torreones ascendían hasta el adarve. Una puerta cerrada impide al acceso al interior de la torre del homenaje. El descenso al patio de armas se puede realizar por una escalera de caracol existente junto a la torre del homenaje.


Películas. Sin duda alguna, el Castillo de Belmonte se ha hecho un pequeño hueco en la historia del celuloide. Desde que Charlton Heston y Sofía Loren protagonizaran la película El Cid, el castillo ha sido un marco incomparable para otras producciones:
Los señores del acero, que se rodó íntegramente en Belmonte, Juana la loca y El caballero Don Quijote.
Terminamos la visita y compramos en la tienda de recuerdos unos imanes y algún que otro detalle.

Queríamos visitar otra maravilla de Belmonte “La Colegiata” donde esta la pila bautismal de Fray Luis de León. Entre otra muchísima historia. Pero los domingos no hay visita.

Así es que después de la visita al castillo nos fuimos a comer otra vez a la cochera, después de lo del día anterior seguro que, o éramos bien recibidos, o nos tiraban al pilón, muy típico en esta tierra cuando algo no gusta. Nada mas entrar somos reconocidos, que raro, nos piden la música y nos comentan que no nos podemos marchar sin bailar.
Después de otra comida gloriosa esta vez sin vino, bailó hasta la abuela. Otra vez besos y abrazos de despedida y dejando una muy buena impresión de ser un grupo familiar y ameno, donde la diversión y el buen rollo es la nota dominante.
El fotógrafo oficial de las excusiones cfmediero "alias Carlos" no sale a penas en las fotos en reconocimiento, hay va esa demostrando su destreza.

Llegamos a casa con un buen sabor de boca, no por las viandas degustadas, sino por los ratos vividos imborrables de nuestra memoria y para recordadlos escribo este blog, para que no caigan en el olvido. A todos muchas gracias.
Y RECORDAR QUE LOS ANGELES ADEMAS DE COMER, BEBER, REIR Y TOCAR LA CAMPANA TAMBIEN BAILAN.
Como dice nuestro amigo José Antonio “al diablo le gustan las mujeres malas y a Dios muy buenas”…..

1 comentario:

  1. ¡Vaya trabajazo! amplías tus facetas a la de cronista, ¡qué barbaridad, qué realismo!, ni que hubiera estado allí, si hasta me parecía oir la gota de agua esa: talang, talang, talang... ¿o era la campana?. Un abrazo

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